Hay una paradoja difícil de ignorar en la página de seguridad del reporte de Integralia. Entre enero y agosto de 2024 y el mismo periodo de 2026, la tasa de homicidio doloso cae 43.4 por ciento, los robos totales bajan 23.4 por ciento y el robo a transportista disminuye 41.5 por ciento. Sin embargo, la proporción de adultos que considera insegura su ciudad sube ligeramente, de 59.4 a 59.8 por ciento.
Luz Tlāltikpakayotl
EUM 15 octubre 2026.-
La estadística mejora en varios delitos. El miedo no.
Esa distancia merece una lectura cuidadosa. No sirve negar las reducciones porque la gente siga sintiéndose insegura. Tampoco sirve usar las reducciones para decirle al ciudadano que su temor es irracional. La seguridad tiene al menos dos dimensiones visibles en el informe: lo que registran las autoridades y lo que la población percibe en su entorno.
Una política de seguridad empieza a consolidarse cuando logra reducir delitos y, con el tiempo, consigue que las personas puedan vivir sin organizar su rutina alrededor del miedo.
Homicidio: la caída más relevante
La tasa de víctimas de homicidio doloso por cada 100 mil habitantes pasa de 15.2 entre enero y agosto de 2024 a 8.6 en el mismo periodo de 2026, según el SESNSP en la tabla de Integralia. La reducción es de 43.4 por ciento.
Es un cambio de gran magnitud dentro de la serie presentada. El reporte no explica qué políticas o regiones lo originan, ni permite atribuir causalidad a una institución específica. Sería irresponsable hacerlo. Lo que sí puede afirmarse es que el indicador nacional seleccionado por Integralia muestra una disminución importante.
Cada punto de una tasa de homicidio representa vidas que no deberían convertirse en material de disputa partidista. Cuando el indicador mejora, reconocerlo no es un favor al gobierno; es respetar la realidad. Del mismo modo, exigir que esa tendencia se sostenga y se traduzca en tranquilidad cotidiana no es negar el avance.
Robos: descensos generalizados
Los robos totales bajan de 273.8 a 209.7 carpetas por cada 100 mil habitantes, una disminución de 23.4 por ciento.
El robo a negocio pasa de 37.6 a 31.6, 16 por ciento menos. El robo a transportista cae de 4.1 a 2.4, una reducción de 41.5 por ciento. El robo de vehículo baja de 68.2 a 48.2 unidades robadas por cada 100 mil habitantes, 29.3 por ciento menos.
El patrón es consistente: en los cuatro indicadores de robo incluidos, la dirección es favorable. De nuevo, el informe no ofrece testimonios de comerciantes, transportistas o automovilistas. No podemos inventar a una víctima que diga sentirse más segura. Pero sí sabemos que detrás de una carpeta que no se abre hay una persona que no perdió su patrimonio, no fue amenazada o no tuvo que interrumpir su trabajo por un delito.
Extorsión y narcomenudeo van en sentido contrario
La fotografía no es completamente positiva. La tasa de víctimas de extorsión sube de 5.5 a 5.7 por cada 100 mil habitantes, un incremento de 3.6 por ciento.
Las carpetas por narcomenudeo pasan de 47.0 a 52.8, 12.3 por ciento más.
Estos dos indicadores impiden presentar la seguridad como una línea descendente uniforme. Hay delitos que empeoran mientras otros mejoran. El documento no explica si el aumento de carpetas de narcomenudeo refleja más actividad delictiva, mayor persecución o cambios de registro. Por eso debe evitarse cualquier conclusión causal.
La extorsión, en cambio, merece una atención especial por su impacto sobre la vida económica y personal, aunque Integralia no desagrega modalidades. El simple hecho de que aumente mientras caen robos y homicidios demuestra que una estrategia de seguridad no puede medirse con un único delito emblemático.
Desapariciones: el dato que exige más cautela
Integralia reporta una caída de 31 por ciento en la tasa de desapariciones, de 5.8 víctimas por cada 100 mil habitantes en 2024 a 4.0 en 2026. Pero inmediatamente agrega una nota metodológica extensa que cambia la forma en que debe leerse esa cifra.
El reporte advierte que los datos de 2026 deben interpretarse con cautela debido a una revisión presentada el 27 de marzo. De 132,534 personas inicialmente registradas, la depuración oficial reclasificó tres grandes grupos: casos históricos vinculados a represión estatal, 2,536; expedientes con información insuficiente para búsqueda, 46,742; y personas con actividad reciente comprobada, 40,308.
Tras ese ajuste, señala Integralia, sólo 43,128 casos cuentan con información completa y sin rastro de actividad, es decir, desapariciones vigentes. De ellos, únicamente 3,869 tienen una carpeta de investigación abierta.
El documento añade una advertencia crucial: como la nueva metodología exige una carpeta por cada desaparición, es probable que en 2026 no se hayan iniciado investigaciones en todos los casos denunciados, lo que reduciría artificialmente la cifra reportada.
En desapariciones, la prudencia no es una cortesía metodológica: es una obligación con familias para las que una clasificación administrativa nunca puede sustituir la búsqueda de una persona.
Percepción: el miedo permanece
La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana de Inegi, tal como la reproduce Integralia, muestra que la población de 18 años y más que considera insegura su ciudad pasa de 59.4 por ciento en 2024 a 59.8 por ciento en 2026. Son 0.4 puntos porcentuales más.
El cambio es pequeño, pero la cifra absoluta es grande: casi seis de cada diez adultos en la medición sienten inseguridad en su ciudad.
El reporte no explica por qué la percepción no mejora a la par de varios delitos. No analiza exposición a noticias, experiencia barrial, delitos no denunciados ni diferencias por ciudad. Cualquier explicación adicional rebasaría la fuente. La tarea periodística es no inventarla.
Sí puede señalarse una cosa: la seguridad se vive antes de medirse. Una persona decide si camina de noche, si permite que un hijo regrese solo, si abre un negocio o si cambia una ruta de transporte a partir de lo que percibe en su entorno. Por eso la sensación de inseguridad no debe descartarse como emoción irrelevante.
Conclusión
El balance de Integralia presenta avances reales en varios delitos de alto impacto. Homicidio, robos totales, robo a negocio, robo a transportista y robo de vehículo disminuyen. Extorsión y narcomenudeo aumentan. La cifra de desapariciones parece mejorar, pero el propio reporte advierte que los cambios metodológicos pueden reducir artificialmente el registro. Y la percepción de inseguridad sube ligeramente.
La conclusión responsable no cabe en “México ya es más seguro” ni en “nada ha cambiado”.
La seguridad pública merece una regla más exigente: celebrar cada vida protegida, investigar cada dato dudoso y no llamar éxito completo a una situación en la que la mayoría todavía siente miedo.
Detrás de cada tasa hay personas. Algunas ya no fueron víctimas. Otras siguen esperando una investigación, una búsqueda o la posibilidad de vivir sin temor. Ese es el criterio que debería ordenar la conversación.
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